
Para comenzar una bonita anécdota:Hace ya algunos años, a principios del siglo pasado,en el natal pueblo de mi abuela, Tabasco, Zacatecas; (si, como usted lo leyó) los pobladores, por motivo que no recuerdo, decidieron hacer un bonito festival, con todo y su desfile. Dentro del cual, al cartero del pueblo, le tocó un bonito papel. En un folklórico carro alegórico, que narraba folklórica leyenda azteca, personificaba a un "arquero del sol". Subiose pues, el cartero, muy entrado en personaje, arco y taparrabos, a su carroza y comenzó a rondar por el pueblo.
Todo iba bien, hasta que la gente del pueblo comenzó a percatarse que bajo las pseudo-prehispánicas prendas, el cartero dejaba mostrar sus partes púdicas.
La gente del pueblo en hilarante actitud (entre ellas mi bisabuela) corrían, privados, al lado del carro, señalando al guerrero sin poder contenerse. Todos lo veían, todos se reían, pero aquél buen hombre, dando porte de sus capacidades histriónicas jamás se salió del papel, ni para acomodar "sus asuntos". Permaneció en su posé de guerrero, sin titubear, mientras la muchedumbre continuaba maravillada por el espectáculo.
El desfile terminó y pasaron los días.
El correo dejó de llegar.
Del cartero en el pueblo, no se volvió a saber nada.