No me cae bien mi trabajo. No somos amigos.No es siquiera un prójimo, al que ame como a mí mismo.
Creo además, toda persona en algún punto de su diaria faena ha tenido dicha sensación, en la que sin sentimientos suicidas reales, ha llegado a pensar "Alguien máteme... por favor".
Un bonito día como cualquier otro: 11 p.m. y no veía el fin de mis labores, mi ordenador tartajeaba. Mi superior, como dictan las costumbres, inconforme ante cualquier esbozo originario de mi intelecto. Así fue cómo en dicha desesperación, en las pequeñas piezas de papel autoadhesivo que reposaban sobre mi secreter, vio la luz la célebre "Galería del Autoexterminio".
